Empezaste.

Quisiste decir “entro en tu vida”,

dijiste sal,

me la echaste,

me echaste

y orificio de entrada fuiste.

 

Quisiste sin querer hacer de mí cosmos

pero todo venía del caos

y, caos, me gestaste.

 

Empezaste como empieza todo,

con urgencia y ráfaga,

como rama besando huracán

y yo, dócil, flor desnuda.

 

Empezó una película muda

en un cine lleno de nosotros dos y,

sordos de tanto grito arrasador

abrasando en la garganta,

nos vimos gesticular amor

vacío

en una ciudad, vacía,

con la mente en blanco,

la piel a flor de alma

y el oxígeno faltando.

 

Empezaste abrazo

y abrazando queriendo un poco,

abrasando dijimos basta.

 

¿Qué te voy a explicar en un verso roto?

Si todos me quedan libres

menos mis dos ojos.

 

Si en otras circunstancias,

me hubiese tragado la tormenta

para que ningún petricor compitiese con tus lágrimas.

 

Si empezaste como empieza la vida,

haciéndome llanto,

¿cómo ibas a acabar?

Reptando.

Mi ser está sembrado incierto

y recogerme del suelo es tarea difícil

para un único vuelo

 

Querría decir que fue todo mentira,

que pedrusco en la sien

y pájaro en mano son exactamente lo mismo,

que no hay cien

volando

porque encadenaron a todos los ángulos

formando tres dimensiones.

 

Que tengo tantas ganas de rasparme

las entrañas

que te perdonaría mil vidas,

sin condiciones.

 

Pero tengo que quererme

y no me lo creo ni yo

pero tengo que quererme.

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